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    Ficha Gabrielle Tarlati

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    Unmei Kurayami
    Estudiante 1er año
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    Mensajes : 268
    Fecha de inscripción : 07/11/2012

    Ficha Gabrielle Tarlati

    Mensaje  Unmei Kurayami el Mar Nov 13, 2012 10:14 am

    Nombre del personaje: Gabrielle Tarlati
    Raza: Humana
    Edad: 16
    Signo: Capricornio
    Ubicación inicial: ¿?
    Estilo de batalla: Support
    Características físicas: Ojos celestes, cabello celeste casi blanco, largo. Tez blanca, complexión esbelta.


    Personalidad: Es una joven muy alegre, confía mucho en que todas las personas tienen bondad en su interior, por lo que le resulta muy impactante cuando se llega a topar con gente sin escrúpulos. Es amigable y de buen corazón, siempre tiene las mejores intenciones aunque a veces las cosas no resultan como ella quiere.

    Historia:

    Spoiler:
    Madrugada de Otoño de un año que apenas recuerdo, de un día que parece ahora un retazo de una realidad distinta, en otra vida, en otro momento.

    Lo último que recuerdo… Llevaba huyendo hacía unas 24 horas pero sin recursos, familia o amigos; mis pasos me habían dirigido en una carrera a ciegas por toda la costa, fue hasta que llegué a la cima de ese acantilado y que pude observar la magnificencia del mar en que reparé en mi estupidez…

    “Que tonta… No tienes a donde ir.”

    Pensé con melancolía mientras tallaba mis ojos y descubría mi cabeza del chal que había tomado a las prisas la noche anterior. La brisa salada era fresca aún; en el horizonte apenas apuntalaba el alba en un espectáculo sublime de tonos amarillentos y naranjas.

    Madre…

    Musité recordando en los retazos famélicos, los cabellos pelirrojos de mi progenitora, nunca como esa madrugada la extrañé tanto. Terrible ardor mantenía mis ojos sumergidos en un somnoliento rictus de tristeza y sal.

    ¿Qué es lo que haré ahora?...

    Me pregunté en voz baja con todo el peso de la incertidumbre en cada palabra. Aparté mi vista del horizonte tratando en vano de huir a la sentencia de las moiras y entonces reparé en un meticuloso agrupamiento de piedras encaladas que estaban cerca de mis pies. Apiladas, formaban una especie de cuña que tenía en su interior 3 recipientes. Tardé un poco en reconocer la naturaleza de esa arbitrariedad.

    Pero finalmente encontré en mis memorias el significado. A pesar de la modernización de los tiempos, aun había personas que gustaban de conservar las antiguas costumbres; prueba de ello el montículo de piedras. Los marineros todavía creían que existían criaturas maravillosas que vivían en las profundidades del océano, decían que de vez en cuando; emergen a la superficie para auxiliar a los barcos que surcaban los procelosos mares; por ello se les adoraba en altares a la orilla del mar y acantilados donde se les ofrendaba leche, aceite y miel.

    Tuve un sentimiento de placidez que me embriagó por completo, quizá por la falta de sueño o quizá porque mi madre solía contarme esas historias, el viento se manifestó místico acariciando mi rostro y escuché desde lo profundo de mi corazón su voz.

    -"Canta… canta Gabrielle…"-

    Cristalizada la desesperanza en mis orbes, simplemente abrí la boca y dejé que mi alma se manifestara, cerré los ojos abandonándome a la entonación que solía practicar con mi madre, cuando solo era una niña... ella amaba que tuviese el don de las nereidas y solíamos pasar horas al piano. Parecía que había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos sorprendió el anochecer. Fue porque desde que cumplí 14 había dejado de cantar, retrayéndome en una personalidad taciturna que de a poco se convertía en un indescifrable laberinto, pero nunca como hasta esta mañana me dejó de parecer el don más inútil del mundo.

    ...

    Todavía no se había apagado la última estrella en el firmamento nocturno, los astros gemelos en posiciones opuestas estaban borrosos por la transición de la noche al día; entonces como si anunciara al alba un hermoso canto se propagó por toda la costa de la bella Italia, expertos pescadores dicen haber visto en lo alto de un risco, una hermosa mujer enfundada en un traje tan negro como la noche; rodeada de un eterno viento, como si aún en la superficie hubiese estado sumergida en el agua, el vaivén místico de cada hebra parecía marcar el ritmo de la mismísima marea.

    Pero a pesar de semejante visión, fue aquella voz que ejecutó un canto de entonación perfecta; la que erizó más de una piel de todo aquél, que alcanzó a escuchar la tonada varios kilómetros a la distancia en la provincia de Potenza.

    Las redes por breve instante se unieron al misticismo que hizo las olas más suaves y el amanecer más lento. Así como llegó se fue y todavía los marineros se despiertan cuando apenas apuntala el alba, esperando escuchar o ver a la nereida que le cantó al amanecer una mañana de otoño.

    ...

    -…¡MALDITA BASTARDA!...-

    No me di cuenta en qué momento llegó, sentí el puño estrellándose brutalmente en mi mejilla y trastabillé derribando el altar embadurnándome con la miel. Ya en el piso sacudí la cabeza tratando de que el chillido en mi oído desapareciera, porque a lo lejos escuchaba un circo de improperios provenientes de una voz aguardentosa que conocía a la perfección.

    -¿Creíste que escaparías estúpida?...-

    Ni siquiera pude enderezarme, sentí que una patada me arrancaba el aire que tenía en mis pulmones y la sensación de asfixia me laceró la tranquilidad. Intenté desesperadamente tomar aire pero la postura tampoco me favoreció y menos, cuando sentí que me elevaba del suelo por una fuerza que no tenía nada que ver con mi cuerpo.

    -Creíste que podrías huir de tus obligaciones?, toda la educación que pagué mientras tu idiota madre vivía, fué para que me la pagaras algún día.-

    La fuerza del infame me lanzó de nuevo hacia los restos del altar, me encorvé tratando de recuperarme para huir de nuevo, que terrible sensación brinda la inminencia en medio de la impotencia.

    -Ni siquiera te molestes en tratar de huir, te encontraré hasta en el fin del mundo, confórmate mejor con tu destino, serás mi mujer aunque sea a la mala o dejo de llamarme… -

    Gregorio Crespi… el esposo de mi madre. Tenía apenas 8 años cuando ella se aceptó vivir con él, siempre le prometió una boda con todas las de la ley y aceptó hacerse cargo de mi educación, juraba que nada nos faltaría; creo que mi mamá falleció sin saber lo que él en realidad quería, yo lo descubrí al cumplir 14 años, era mi fiesta de presentación en la “sociedad”.

    Fue por la manera en que me dijo que ya era toda una señorita, o el brillo grotesco en sus ojos pequeños, recuerdo que su sonrisa desde ese día; me pareció hipócrita y su rostro cacarizo el más horrible que jamás había visto.

    No volví a cantar desde entonces, desde que descubrí ese hálito sudoroso en sus manos, apretujándose cada vez que me escuchaba tararear mientras cultivaba las flores.

    ...

    -“Es la hija de la concubina de Gregorio Crespi…”-

    -“Que muchacha más hermosa y además tiene una voz maravillosa… Será un buen partido si es que él la reconoce como su hija, sería heredera del emporio comercial.”-

    -“No lo creo… según me dijo una de las criadas, escuchó al señor Crespi hablando con don Tolomeo Rodriguez.”-

    -“¿El padre español que va hasta los días feriados a darle clases privadas?”-

    -“Ese mismo… según Juanita, Don Gregorio pagaba su educación para hacerla su esposa. Tu sabes que el apellido es de gran prestigio, no iba a tener como mujer a una ignota como su madre, por eso nunca formalizó con doña Esperanza pero la pobre… ya sabes que siempre le tuvo fe ciega, después de todo, solo un verdadero caballero aceptaría cargar con la hija de otro.”-

    -“Válgame… ese sí que no pierde el tiempo, quien lo hubiera imaginado?.”-

    ...

    Aun no se enfriaba el cuerpo de mi mamá en su tumba, cuando ya estaba en el jardín lamentándome de mi pérdida y confundida por lo que escuché entre aquellas señoras, que sin tapujos, cuchicheaban como serpientes afuera del velatorio.

    Había pasado menos de 24 horas antes, cuando aún la madrugada era noche y los grillos cantaban entre los matorrales del jardín principal en la mansión Crespi.

    ...

    -…Gabrielle…-

    La voz aguardentosa hizo que la muchacha de apenas 16 años levantara el rostro, la luna iluminó sus facciones delicadas de hermosas pestañas largas y labios carnosos, un temblor pernicioso en las piernas provocó que Don Gregorio tomara asiento a un lado de ella, tan pequeña y delicada; el luto no había mermado en nada la perfecta faz de la hija de su amante; quizá por el contrario la dotaba de la ternura enigmática que se desprende de una bella criatura desvalida y frágil.

    Tuvo que contenerse para no arrancarle el vestido, en cuanto la vio levantarse presa de un nerviosismo que él quiso pensar era a causa de su gallarda presencia. Después de todo, aunque no era agraciado; se consideraba un excelente partido, mientras tuviese dinero y poder no habría mujer alguna que se resistiera a sus “encantos”.

    -Por.. por favor… quiero estar sola.-

    Suplicó prematuramente enervando aun más las ansias del maduro, ni siquiera la escuchó, estaba viéndola de espaldas siguiendo lascivamente los contornos del vestido, apreció que las vestimentas se pusieron apresurada y torpemente porque, uno de los botones en su espalda estaba sin abotonar. No pudo resistirse, se levantó parándose detrás de ella, las manos le sudaban frío a medida que las elevaba amenazando con detenerse en la ceñida cintura, ansiaba desgarradoramente levantarle el faldón azabache y devorar la virginal blancura de sus muslos joviales.

    Carraspeó relamiéndose los labios, más pronto que tarde ella sería suya, así lo había planeado desde que la vio de la mano de Esperanzza Proietti aquella tarde de invierno. Decidido, engatuso a la madre para tener cerca a la hija. La mantenía con sobrado recelo intocable, negándose a mandarla al colegio alegando que era mucho mejor una educación privada con un riguroso maestro letrado en ciencias y artes.

    La vio salir despavorida del velorio hasta el jardín; presa quizá del dolor acaecido por perder a su progenitora, por lo que no dudó el seguirla. Sintió como ella se enderezó sorprendida cuando tomó con los toscos dedos el botón y el otro extremo del ojal en su espalda.

    Mezquino como él solo, creía que entre él y ella existía un amor apasionado, confundía la sonrisa natural de la muchacha con un coqueteo que lo mantenía en vela mientras compartía la cama con su amante, a veces imaginaba que era ella a quien poseía en el lecho, aunque al final se topaba con los ojos inyectados de patético amor por parte de Esperanzza.

    -Todo ah terminado mi hermosa niña… solo somos tu y yo.-

    ...

    Sentí un horrible escalofrío cuando se acercó a mí, estaba buscando con la mirada la salida más próxima o alguna persona que hubiera cerca, comprendí mi error al entrar descuidadamente a la boca del lobo, la noche parecía perpetua y toda la gente estaba velando a mi madre.

    En mi ofuscación ansiaba huir pero me petrifiqué como una roca, escuchaba agriamente mi corazón latiendo aprisa en mis oídos y todo el hermoso concierto de sonidos de la noche me pareció un preludio de mi destrucción.

    Temblaba cuando sentí su aliento fétido estrellándose en mi nuca a través de mis cabellos y traté de alejarme pero me había sujetado de la cintura con tanta fuerza que sentí miedo

    ...

    Al fin se había atrevido a sujetar el minúsculo talle, la apretó con tanta fuerza que se sintió lo suficientemente poderoso como para destrozarla, sudaba excitado; repegó su frente en la cabeza de ella agachándose.

    -Eres tan hermosa...-

    Bufó como un toro en brama, la sintió estremecerse y creyó dentro de su mundo retorcido, que ella estaba tan ansiosa como él de coronar la espera de 8 años.

    -Mi bella, bella Gabrielle…-

    Dijo guturalmente antes de desquiciarse, la abrazó por la espalda ferozmente con un brazo y con el otro se desabrochó el pantalón que ya le quedaba ceñido no solo a su estómago.

    La sintió revolverse, pero quiso creer que era producto del desenfreno del que él era preso, levantó el faldón luctuoso que llegaba más debajo de las rodillas y alcanzó a raspar con sus callos toscos, la lozana suavidad de los muslos blancos.

    -NOOO!!!!, DEJEME!!!!!-

    La escuchó gritar mientras ella se revolvía como pajarillo asustado, entre el forcejeo la giró para verla de frente y fue entonces que comprendió que la bastarda no sentía lo mismo que él.

    -Escúchame estúpida, harás lo que yo te diga, cuando yo te diga.-

    Bramó arrastrándola hasta la banca donde hacía escasos momentos ella lloraba amargamente, la azotó con brutalidad buscando la menor resistencia porque no se detendría hasta conseguir su objetivo, creía que tenía derecho, después de todo había invertido en ella dinero y como no… muchísimo esfuerzo.

    ...

    Sentí como grilletes las manos toscas aferrándose a mis muñecas, todo había sucedido tan rápido, aquella noche me había salvado que el mayordomo necesitaba hablar con él y salió a buscarlo al escucharme gritar en el jardín, no supe si comprendió lo que estaba a punto de pasar pero salí corriendo, corrí con todas mis fuerzas, solo alcancé a tomar el chal sobre el féretro de mi mamá y me fui directo a la puerta. Así había llegado hasta aquél acantilado 24 horas después.

    Ahora estaba en la misma situación, sentí las piedras agrietando las telas de mi vestido y su asqueroso cuerpo luchando contra su propia ropa, miré para todo lados y tomé en medio de mi desesperación una de las piedras del altar y lo golpee en la cabeza con ella.

    -Maldita!!!, pagarás muy caro esto!.-

    Me había puesto de pie de espaldas al precipicio, se dejó venir en una carrera desenfrenada hacia mí y no supe cómo ni por qué, ni de donde, pero... solo sabía que no estaba dispuesta a perder sin haber peleado. Entre el forcejeo resbaló por el acantilado, iba en picada, pero en medio de ese estallido de valentía mis piernas flaquearo, alcanzó a sujetar mi faldón arrastrándome hacia el borde, no pude sostenerme, ni siquiera pude gritar, lo último que recuerdo es que cerré los ojos esperando el golpe de mi espalda rompiéndose en las piedras, igual que las olas pero, esa sensación nunca llegó.

    ...

    Se encontró a Don Gregorio Crespi muerto 3 días después del velorio en la mansión Crespi. Su cuerpo yacía destrozado al pie de un acantilado, según dijeron los periódicos se suicidó por la muerte de su amante Esperanzza Proietti, las autoridades aún buscan a la hijastra quien según los abogados, tiene derecho a reclamar la fortuna del emporio comercial. Todo gracias a un documento tutelar que Gregorio firmó cuando le pidió a Esperanzza que vivieran con él, reconociendo a Gabrielle con el apellido Crespi.

    Los policías que siguieron el rastro de Don Gregorio, encontraron el acantilado desde donde según los periódicos renunció a la vida; sin embargo, las teorías forenses también estipulan que el aceite que estaba ahí de ofrenda, pudo provocar que en realidad se resbalara del borde.

    La otra versión es la de los pescadores, quienes aseguran que cegado por el terrible dolor de haber perdido a Esperanzza, Gregorio destruyó el altar que se encontraba desde hace muchos años en la cima del acantilado. Creen que al ver las ofrendas desparramadas, comprendió su error y se acercó al borde del precipicio, implorando el perdón de la nereida para la cual se había edificado el tributo.

    En respuesta; la criatura lo hizo saltar al vacío, recogiendo con sus brazos la marea para que agonizara entre las rocas, acosado por los cangrejos y las gaviotas durante 3 días, 1 por cada ofrenda desparramada.

    ...

    Obscuridad… obscuridad y nada más… Siento el frío que cala en mis huesos pero no puedo abrir los ojos, los sonidos se han apagado y el aire no entra más en mis pulmones, caigo profundo en un estupor mortuorio del cual no creo poder salir, pero no tengo miedo. No tengo miedo.

    ...

    La sensación pétrea en su espalda la hizo incorporarse para toparse con un entorno rudimentario y árido.

    No recordaba nada, quien era ni como había llegado hasta ahí, vestía un extraño vestido negro que entonaba perfectamente con el paisaje desolado.

    La muchacha se puso de pie, sus cabellos contrastaban infames con la obscuridad del lugar al cual no reconoció; caminó sin rumbo tratando de encontrar respuestas.

    ¿Qué es este lugar?...

    Interrogó al aire; quizá en realidad al caer a los pies del acantilado, las corrientes la habían arrastrado hacia el fondo del mar matándola y, esta realidad de colores grises, no era otra cosa más que un remanente, de su inaplazable viaje hacia la muerte.


    Armas: Ninguna
    Mascota: Ninguna
    Piedra espiritual:
    Enlace espiritual: Hanami
    Spoiler:
    Habilidad: Feromonas

      Fecha y hora actual: Sáb Nov 18, 2017 4:02 pm